Technosexual healing
El culto al cuerpo y la sensibilidad metrosexual ya son parte del pasado. Ahora la tecnología es lo más sexy. El technosexual es el estereotipo emergente que, encarnado en el futbolista Freddie Ljungberg, sustituye al icono mediático representado por David Beckham. El nuevo perfil de hombre urbano, narcisista y fascinado por la tecnología, ha llegado...
Hasta hace poco el perfil de hombre apasionado por las nuevas tecnologías, y coleccionista obsesivo de los últimos gadget electrónicos, era el de tipos que rayaban la caricatura: gafas de pasta años 50, innumerables bolígrafos en el bolsillo de una camisa a cuadros y cara de haber descuidado sus relaciones sociales. Así eran los geek de toda la vida; distinguidos, además, por mostrar una indiferencia total por el diseño y la estética.
Sin embargo, ahora, la tecnología comienza a explotar todo su potencial de seducción hasta convertirse en un elemento sexy por sí mismo. El bautismo de esta nueva moda, la del urbanita technosexual, es una propuesta de Ricky Montalvo. Este informático estadounidense, matemático y físico explica perfectamente este nuevo estereotipo en la web technosexual.org.
Según este gurú de las tendencias, el technosexual es un hombre con estilo, sofisticado tecnológicamente y en permanente contacto con su lado femenino, sin que forme parte del perfil su orientación sexual. Aunque Wikipedia aporta una definición más cercana al origen de la palabra, que aparece por primera vez en los libros de ciencia ficción de los 70’, haciendo referencia a individuos con una fuerte atracción sexual hacia las máquinas.
Desde su página web, Montalvo aconseja a technosexuales principiantes y a geeks trasnochados sobre la manera de adaptarse y completar la metamorfosis, alcanzando el estatus de geek chic. En esta tarea cuenta con varios aliados: Mr. Style, Mr. Technology, Mr. Culture y Mr. Home, que aconsejan sobre lo último en cada una de sus especialidades.
Lo que queda claro es que la aparición de lo metrosexual ha disparado las “tendencias” sociales, aunque haya quien piense que no son más que un mero artificio comercial. Y si suena pretencioso calificarlo de tendencia social de lo que no hay duda es de que se trata de un filón comercial.
Si tiene un nombre atractivo, se puede comercializar; y si es comercial puede ser negocio. Y si hay que crear una tendencia nueva… ¡pues se crea!
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